¿Te ha pasado alguna vez que un cuadro te mira antes de que tú lo mires a él?
Eso me ocurrió la primera vez que vi Mujer en azul de Picasso. No exagero. No fue solo una pintura colgada en la pared del Museo Reina Sofía. Fue una presencia. Una figura silenciosa envuelta en un velo de tristeza azul que parecía conocerme. Y no soy el único. Esta obra tiene algo magnético, casi hipnótico, que nos obliga a detenernos, a mirar más allá del color… y del tiempo.
Hoy quiero hablarte de esa mujer. De ese azul. Y de un joven llamado Pablo Picasso que, con apenas 20 años, comenzó a pintar con las emociones a flor de piel. Este artículo no es una clase de historia del arte. Es una conversación contigo, como si estuviéramos sentados en un banco del museo, frente a ese cuadro, compartiendo preguntas, curiosidades y algún que otro suspiro.